FERNANDO PESSOA. ESTA VIEJA ANGUSTIA..
está angustia que cargo hace siglos en mí, se desbordó de la vasija en lágrimas, en grandes imaginaciones,
en sueños al estilo de pesadilla sin terror,
en grandes emociones súbitas sin ningún sentido.
Se desbordó.
¡No sé cómo guiarme en la vida con este malestar que me pliega el alma!
¡Si por lo menos enloqueciera de verdad!
Pero, no: es este estar-entre,
este casi, este puede ser
que..., esto.
Un internado en un manicomio es, al menos, alguien.
Yo soy un internado en un manicomio sin manicomio.
Estoy loco fríamente, estoy lucido y loco, estoy ajeno a todo e igual a todos: éstoy durmiendo despierto con sueños que son locura porque no son sueños. Estoy así...
¡Pobre vieja casa de mi infancia perdida!
¡Quién te iba a decir que yo me desabrigara tanto!
¿Qué es de tu niño? Está perturbado.
¿Qué es de quien dormía sereno bajo tu techo provinciano?
Está perturbado.
¿Qué es de quien te sudo? Está perturbado. Hoy es quien soy yo.
¡Si al menos tuviera una religión cualquiera!
Por ejemplo, una por aquel fetiche que teníamos en casa, en aquella casa, traído de África.
Era feísimo, era grotesco,
pero contenía la divinidad de todo en aquello es que se cree.
Si yo pudiera creer en un ídolo cualquiera, Júpiter, Jehová, la humanidad,
cualquiera serviría, pues ¿qué es todo, si no lo que pensamos de todo?
¡Estalla, corazón de cristal pintando!
Fernando Pessoa