LA GUERRA. MAITE GALIANA

En la penumbra de la trinchera, Alberto escucha el retumbar del cañón. 

Mientras, el barro y la sangre se funden en un grito silente, la noche, oscura y densa, se cierne sobre la patria rota.

Y en cada disparo se esconde el eco de un destino incierto.

Sus pensamientos vuelan a un tiempo de paz, recuerda

la infancia, donde la risa era un tesoro, ahora, entre sombras y fuego, se oculta la nostalgia de un ayer luminoso, y la esperanza lucha, frágil, contra el peso del olvido.

Caen compañeros, y en sus rostros se dibuja la muerte,

el humo del combate esconde sueños rotos,

en el barro se mezclan lágrimas y cicatrices, y cada latido es un juramento silencioso, de resistir aun cuando el mundo se desmorona.

Alberto, solitario, se aferra a un rayo de fe, en la penumbra, donde el dolor se torna en poesía, el frío del metal besa su alma herida, y la tierra, testigo mudo, recoge secretos de guerra, mientras las estrellas, distantes, ofrecen un consuelo etéreo. En medio del caos, un instante de paz reluce, un suspiro de vida que desafía la oscuridad, donde la belleza y el horror se funden en un abrazo, y el alma, temblorosa pero viva, se alza de nuevo para soñar, aun en la noche, otro amanecer de redención.

Este poema busca capturar la crudeza y el melancólico realismo de la guerra, al estilo de Maupassant, donde la belleza se esconde entre las sombras y el dolor. 

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