LA ESPERANZA


La esperanza.

 Zeus quiso castigar a Prometeo por haber robado el fuego del Olimpo y envió a la hermosa Pandora como regalo para Epimeteo, hermano de Prometeo, quien no haciendo caso de las advertencias de su hermano la tomó como esposa. Zeus dio a Pandora una vasija  diciéndole que no la abriera, pero Pandora curiosa la abrió y de ella salieron todos los males. El mundo se llenó de enfermedad, de ira, codicia, lujuria, dolor, hambre, desorden, guerras  etc. Cuando Pandora reaccionó y cerró la tapa, la esperanza, que ya salía, quedó atrapada dentro de la vasija. 

Si la esperanza estaba dentro ¿seria porque también era un mal? Nadie puede responder con certeza a esta pregunta.  La esperanza está fuertemente arraigada en el alma humana, nos consuela, nos arropa, pone luz en la oscuridad. Prefiero sentir  la esperanza como una virtud, es más práctico y yo soy una mujer práctica. Por tanto, tampoco  voy a entrar en las connotaciones machistas del mito que a estas alturas de la historia  no pueden escapársenos.

Dejando atrás la leyenda, los hombres y las mujeres hemos aprendido a esperar o a desesperar, según el caso. Los agricultores esperan que sus tierras sean fértiles y las semillas den frutos, los ganaderos que haya buenos pastos y sus animales engorden, el parado espera encontrar trabajo, el solitario espera compañía etc. Cuando  nuestros deseos no son satisfechos de inmediato la emoción del miedo y la ansiedad nos invade. Es entonces cuando la esperanza sale a rescatarnos, y podemos sosegar nuestro corazón en la certeza de que todo aquello que esperamos llegará, porque descansamos en Dios, en el Universo, o en un Poder más grande que nosotros, que hará que los acontecimientos nos lleven a conseguir nuestras metas.

No es fácil aprender a vivir en el presente, primero hay que tener la intención de hacerlo y muchas veces ni siquiera somos conscientes de que oscilamos entre un pasado lleno de culpa y un futuro cargado de incertidumbre. Vivimos  nuestro presente, que tendría que ser el mejor regalo, de una manera automática y superficial, infravaloramos las cosas cotidianas y gastamos nuestro tiempo en sueños disparatados de pompa y poderío. Tenemos que aprender a vivir con nosotros mismos, a amarnos, a valorarnos por lo que somos, a mantener nuestra autoestima moderadamente alta. Que nada ni nadie invada nuestro espacio o nos robe la paz.

La esperanza vuelve otra vez a rescatarnos de nuestras miserias, ahora nos conocemos un poco más, sabemos quiénes somos y lo que queremos, nos hacemos responsables de nuestros actos y de nuestras emociones y queremos, con plena conciencia, vivir el presente y hacernos un futuro mejor en función de nosotros mismos.

Todos los  males del mundo están ahí, volando, suspendidos en el aire, inmersos en el agua, arraigados en la tierra, crepitando en el fuego, pero nosotros estamos a salvo porque  la esperanza está atrapada en nuestro corazón.

Qué maravilla tener esperanza.











Enterrare los nombres.

Todos los nombres de los que fueron

Los cráneos desusados

Serpientes sin veneno.

Enterrare sus nombres 

Que ya no dicen nada 

Y no recuerdo ya, lo que dijeron

Silabas muertas. Nada

Huesos de un esqueleto.

Irá tu nombre también a este sepelio

Revivirá mi carne a jirones robada

Los sinuosos ríos de mis venas

Se llenara de azulada linfa nueva

Fluye como una fuente 

La vida en mi cerebro. 

Enterrare los nombres 

Y viviré de nuevo.



Oración

Me siento incrementada, múltiple

Todo late en mí.

Hay tanta plenitud en esta hora

Toda me entrego

Me acerco al Universo sin intención ninguna

A través de unas líneas o un teléfono

De un pensamiento o una idea

Alguien desconocido me pregunta

Me pide rezo

Toda me expando 

Aletear de almas 

Unidas como el viento

Me agrando crezco 

Mi garganta se ensancha

Luz azul,  el silencio.







La forma de querer tú 

es dejarme que te quiera. 

El sí con que te me rindes 

es el silencio. Tus besos 

La forma de querer tú 

es dejarme que te quiera. 

El sí con que te me rindes 

es el silencio. Tus besos 

son ofrecerme los labios 

para que los bese yo. 

Jamás palabras, abrazos, 

me dirán que tú existías, 

que me quisiste: jamás. 

Me lo dicen hojas blancas, 

mapas, augurios, teléfonos; 

tú, no. 

Y estoy abrazado a ti 

sin preguntarte, de miedo 

a que no sea verdad 

que tú vives y me quieres. 

Y estoy abrazado a ti 

sin mirar y sin tocarte. 

No vaya a ser que descubra 

con preguntas, con caricias, 

esa soledad inmensa 

de quererte sólo yo.

Son ofrecerme los labios 

par los bese yo. 

Jamás palabras, abrazos, 

me dirán que tú existías, 

que me quisiste: jamás. 

Me lo dicen hojas blancas, 

mapas, augurios, teléfonos; 

tú, no. 

Y estoy abrazado a ti 

sin preguntarte, de miedo 

a que no sea verdad 

que tú vives y me quieres. 

Y estoy abrazado a ti 

sin mirar y sin tocarte. 

No vaya a ser que descubra 

con preguntas, con caricias, 

esa soledad inmensa 

de quererte sólo yo.


























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